El peso de la crisis se fue a la canasta

El aumento del dólar del 22 por ciento el mes pasado repercutió de manera directa en los productos que definen las líneas de pobreza e indigencia. La primera ya acumula un alza del 28,4 por ciento en doce meses, hasta los 18.833 pesos.

En medio de la corrida cambiaria del mes pasado, el Gobierno primero salió a minimizar el impacto de la devaluación en los precios internos y luego decidió ampliar el listado de Precios Cuidados, que igualmente perdió presencia y efectividad con respecto a la gestión anterior.

La inflación y el recorte de poder adquisitivo de los trabajadores no sólo es una mala noticia para esos sectores sino para los pequeños empresarios que venden su producción a ese público. Por eso, la expectativa para los próximos meses es que aumente el desempleo y el cierre de pymes.

Para junio se espera otra fuerte suba de las canastas alimentaria y básica a partir del efecto rezago de la devaluación de mayo y de la propia suba del dólar en junio. Un dato que alimenta esa previsión es el incremento del 7,5 de los precios mayoristas el mes pasado. Pero además, este mes el Gobierno aumentó el boleto de colectivo y de tren y también la nafta anotó otro incremento. En base a la aceleración inflacionaria, las consultoras privadas proyectan una inflación general del 30 por ciento para fin de año, que sería todavía más alta para los sectores de ingresos medios y bajos. En un contexto de contención salarial por la presión del Gobierno, pérdida de empleo por caída de la industria manufacturera y retracción de la obra pública a raíz del ajuste fiscal exigido por el FMI, es esperable un fuerte aumento de la pobreza y de la indigencia en 2018.

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