Si la pandemia se acaba, ¿Zoom llegó para quedarse?

Cuando, hace diez años, el migrante chino Eric Yuan fundó lo que hoy es Zoom, jamás imaginó que se convertiría, pandemia mediante, en uno de los empresarios más ricos e influyentes del planeta. Ahora, con el coronavirus amagando con replegarse, el uso extendido de esta plataforma parece estar muy lejos de haber llegado a su fin.

No había pasado un mes desde que la Organización Mundial de la Salud decretara que el mundo enfrentaba un nuevo virus mortal a gran escala, cuando Yuan ingresaba a la selecta lista de multimillonarios de Forbes, con una fortuna estimada en aquel momento en casi 8000 millones de dólares. Luego, ese número se fue multiplicando (ver aparte), al mismo ritmo que los usuarios, que treparon de los 10 millones diarios que solían usar Zoom a 300 millones solo en marzo de 2020.

La psicoanalista Diana Litvinoff, autora del libro «El sujeto escondido en la realidad virtual», coincide en que “antes de la pandemia se cuestionaba todo el sistema cibernético. Se decía que desconectaba a la gente, que la alejaba, que creaba adicciones. Incluso en nuestra profesión se discutía si el psicoanálisis podía ser igualmente válido cuando transcurría por internet en vez del cara a cara”.

Hace más de 15 años que Litvinoff trabaja de forma “virtual”, ya sea online por Skype, Zoom y aun vía telefónica. “Ahora, la realidad superó a la polémica y el mundo se vio obligado a usarlo masivamente”, analiza, y agrega que en el contexto pandémico la plataforma no solo permitió “continuar los tratamientos y la educación; en ciertos trabajos también demostró que la oficina ya no es necesaria”.

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